En el extremo más austral de la Patagonia, donde la Cordillera Darwin se hunde en las aguas frías del océano, se abre un mundo de hielo, roca y silencio: el Fiordo de Agostini. Esta travesía marítima invita a descubrir una de las zonas más remotas y menos exploradas de Tierra del Fuego, siguiendo una ruta escénica que parece detenida en el tiempo.
La navegación avanza entre paredes de granito, cascadas naturales y glaciares que descienden desde las alturas hasta el nivel del mar. Uno de los hitos del recorrido es el Glaciar Águila, cuya lengua de hielo se extiende suavemente hacia una bahía protegida. En este sector es posible descender a bordo de embarcaciones menores tipo zodiac, permitiendo una aproximación privilegiada para apreciar las formas y tonalidades azuladas del hielo, acompañados ocasionalmente por cormoranes y lobos marinos.
Más adelante, el paisaje cambia de carácter con la presencia del Glaciar Cóndor. A diferencia de su vecino, este glaciar se presenta más vertical y activo, con constantes desprendimientos que dan cuenta de la fuerza viva del hielo. Desde la embarcación se pueden observar los impactos de los bloques al caer al mar, mientras cóndores recorren las altas cornisas rocosas que dominan el fiordo.
La Ruta de los Glaciares se enriquece con la presencia de numerosos ventisqueros colgantes y glaciares secundarios que emergen entre las montañas, formando un laberinto natural esculpido durante miles de años. En jornadas despejadas, las cumbres nevadas de más de 2.000 metros enmarcan la travesía, junto a la posibilidad de avistar delfines australes, elefantes marinos y diversas aves marinas dentro del Parque Nacional Alberto de Agostini.
